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10.1.15

Charlie Hebdo y el contexto del que no se quiere hablar


Je suis Charlie, en Roma. | Reuters.






Fito Paniagua | Contacto



La prensa corporativa argentina reaccionó brutalmente ante un tuit de la decana de Periodismo de la UNLP sobre el cruento ataque al semanario francés. La simplificación extrema de los hechos, el arma de combate del periodismo anti-K, se apoderó otra vez de los titulares y de los análisis. Los medios hegemónicos y el engranaje generador de violencia.  

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En medio de la conmoción mundial por el atentado al semanario francés Charlie Hebdo, la corporación mediática argentina se ensañó esta vez con la decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, Florencia Saintout, por haber tuiteado: “Los crímenes jamás tienen justificaciones, pero sí tienen contextos”.
El elenco estable anti-K de los principales medios de comunicación argentinos condenó a Saintout como si hubiera justificado la matanza en Charlie Hebdo –donde, en la mañana del 7 de enero en París, fueron asesinados periodistas, dibujantes y policías–, en otra muestra más de que, para la prensa corporativa, el fin justifica los medios.
El diario La Nación, que cada tanto hace tropezar el ejercicio del periodismo contra su pensamiento reaccionario, calificó el tuit de la decana de Periodismo de “polémico” (¿!). 
En el programa 6,7,8, por la TV Pública, Saintout aclaró más tarde lo que no era necesario, al menos para cualquier persona medianamente informada. “Lo hay que pensar es por qué sucede lo que sucede”, dijo, para quienes no entendieron el tuit.


Quien escribe esta columna no está en condiciones de contextualizar las 56 horas de extrema tensión que se vivieron en Francia, que dejaron 20 muertos desde el cruento ataque a Charlie Hebdo del miércoles hasta la tarde del viernes, con la toma de rehenes en un supermercado judío y el asalto a la imprenta donde se habían refugiado los hermanos Kouachi, señalados como los autores del atentado a la revista satírica.
Sí lo está Luis Bruschtein, que en un artículo publicado hoy en Página 12, resume:
“El atentado criminal en Francia tiene una lógica de nueva sociedad, de tensiones explosivas que acumula la dinámica de un capitalismo voraz y depredador sin límite, que pone reglas para que las cumplan los demás, pero que no está dispuesto a respetar. La violencia religiosa tiene la misma raíz que la violencia narco. Los crímenes en Charlie Hebdo se produjeron cuando todavía no se borraba el recuerdo de los 43 adolescentes asesinados en México. El mismo absurdo, la misma barbarie, la misma incongruencia deshumanizada. Son formas nuevas de violencia exponencial, sin reparos, que cosifican a las víctimas y que no buscan una reivindicación social o política, pero que están expresando consecuencias, subproductos, que fue generando este nuevo orden mundial”. 
Bruschtein advierte que el fanatismo religioso tiene “algún ingrediente que lo hace complementario de la globalización y las nuevas sociedades que produce el neoliberalismo de mercado”, pero “no es solamente islámico sino también el fanatismo cristiano que controló gran parte del gobierno de George Bush y el fanatismo religioso judío que tiene cada vez más presencia militarista en el gobierno israelí”.
Y concluye: “Las formas de violencia como la que segó las vidas de los adolescentes en México o de los humoristas en Francia ni siquiera se plantean –aunque fuera en forma equivocada– transformar las sociedades que han llevado a sus protagonistas a esas situaciones de víctimas o victimarios.
Las elites se sienten fuera del alcance de estos fenómenos del narcotráfico y los fanatismos religiosos. La profundización de la desigualdad va a generar grandes zonas donde estas formas de violencia serán crónicas porque no implican riesgo para las estructuras de injusticia que las originan, traspapelan el conflicto social y obstaculizan las políticas de cambio que puedan impulsar movimientos políticos populares, como los que aparecieron en América Latina”.
Entre los componentes de esa estructura generadora de violencia están, sin duda, la gran mayoría de los medios de comunicación y la corporación periodística, que, en su afán de banalizar todo, condenan a quienes no se alinean a su estrategia de desinformación, una práctica que ellos les atribuyen al Gobierno y a los medios, periodistas, intelectuales y personalidades que no comulgan con esa forma de barbarie en que devino el periodismo hegemónico argentino.
La brutal agresión a Saintout se inscribe en esa lógica: no hay contextos posibles para quienes se afanan en descontextualizar todo con tal de desprestigiar a un gobierno, al que están enfrentados en defensa de intereses económicos y no del periodismo ni de la libertad de expresión.
Justamente, la decana de la Facultad de Periodismo acertó al señalar anoche que considerar que la matanza en Charlie Hebdo como un ataque a la libertad de expresión es un” reduccionismo interesado”. “A los periodistas de acá les sirve para pegarle a un gobierno. En nombre de la libertad de expresión, se dice cualquier cosa”, agregó.

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